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Pemex no se siente amenazado con la llegada de industrias extranjeras

La empresa canadiense Renaissance Oil Corporation aparentemente presentó ser la segunda empresa productora más grande del país, apenas el pasado 20 de junio, publicitó  la extracción de  1,700 barriles de crudo en subsuelo mexicano en campos chiapanecos.

Esto no fue sorpresa para Petróleos Mexicanos, una empresa extranjera utilizó equipo de extracción de hidrocarburos en suelo mexicano, de pronto tiene competencia en materia de producción. Cuando se anunció que se avecinaban gasolineras extranjeras a territorio nacional, tampoco pareció importarle a Pemex.

Hace menos de una década, el gobierno ni siquiera logró que el Congreso aprobara la inversión extranjera en refinerías. La indiferencia muestra que la población asimiló el gran engaño perpetrado por el gobierno en torno de Pemex. Si tan abundante son las tierras mexicanas para extracción de petróleo, la pregunta inminente sería: dónde se refleja la ganancia de nuestro petróleo, ciertamente se ve en los trabajadores de Pemex, sus funcionarios y personas de elevados ingresos.

Podemos mencionar algunas obras que construyó el gobierno con las ganancias del petróleo, lo que motivó que muchas administraciones federales y locales no cobraran los impuestos requeridos. Entre aquellos que dejaron de contribuir lo debido hubo muchos individuos y empresas con elevados ingresos. Entonces, ¿el petróleo es de todos los mexicanos? Evidentemente no.

Sergio Negrete Cárdenas, doctor en Economía y Profesor-Investigador del ITESO delata que, «los sindicalizados de Pemex están viendo que sus condiciones laborales se están limitando (aunque siguen siendo generosas, por ejemplo la nueva edad de retiro seguirá siendo inferior a la del resto de los mortales hasta 2021). Y, sobre todo, el gobierno federal está inyectando capital a la paraestatal. De hecho, Pemex está quebrada desde hace años (debido a la futura carga de las pensiones). El carísimo pato lo pagaremos entre la totalidad de los contribuyentes, pero la mayor parte lo degustaron entre pocos».

«Durante décadas, los nacionalistas a ultranza no se cansaban de decir que las trasnacionales petroleras literalmente salivaban por re-entrar a México para despojarlo de su fabulosa riqueza. Fue otra pieza en el rompecabezas del gran engaño. Se abrieron las puertas en el peor momento, y el resultado distó mucho de ser una rebatinga por los campos mexicanos. Y por eso hoy el nombre del primer competidor de Pemex no es Shell o Exxon Mobil, sino la pequeña Renaissance Oil. Otro cierre paradójico de esa gran estafa que duró casi ocho décadas». Afirma Sergio.

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